Sobre I+D+I

SOBRE I+D+I

Hace unos días publicaba un artículo relacionado con la carga impositiva que tienen que soportar las empresas españolas, las pequeñas y las grandes, con las medianas de por medio. Demostraba en ese artículo, o mejor dicho, gentes de sólida solvencia profesional, han demostrado que las empresas españolas, especialmente las grandes, sufren un auténtico saqueo de sus cuentas de resultados tras pagar los peajes de las Administraciones Públicas. Ha sido así siempre desde hace décadas.

Pues bien, las consecuencias de ir añadiendo tributos tras tributos a sus recursos se traducen en una clara merma de la capacidad de reinvertir beneficios en crecer, en crear puestos de trabajo y, muy especialmente, en ser competitivas.

¿QUÉ ES LA COMPETITIVIDAD EMPRESARIAL?

La competitividad empresarial es la capacidad que tienen las empresas de aumentar su volumen de negocio (función objetivo) sujeto ello a dos restricciones: bajos costes de producción y mejora constante de la calidad.

Pues bien, la competitividad surge del tan famoso término I+D+I, que en España se traduce en I+D. Es decir, en teoría tanto más competitivas serán las empresas cuanto más porcentaje sobre su volumen de negocio inviertan en Investigación y Desarrollo.

Por supuesto, esto no es algo automático en la práctica. No por invertir en I+D vas a ser competitivo porque tus gastos en I+D pueden conducir a malos resultados. Pero lo que está completamente claro es que si no arriesgas invirtiendo en I+D estás fuera de combate.

Hay multitud de ejemplos de nuestro pasado reciente que así lo demuestran:

  • NOKIA. Un gigante mundial, orgullo Europeo, que tuvo que cerrar su división de telefonía móvil porque su sistema operativo se quedó obsoleto en pocos años.
  • KODAK. Un gigante mundial, propietario de multitud de patentes de fotografía digital a día de hoy, que no supo canalizar sus fuertes inversiones en I+D hacia el brutal cambio que se produjo a finales de los años 90 en materia de telefonía.
  • TOSHIBA. Se erigió como reina de las pantallas de plasma después de realizar fuertes inversiones en I+D pero el mercado se inclinó, sin explicación alguna, por el LCD.

Y así, un largo etcétera de grandes matrices que han caído por el terraplén de lo inexplicable.

Entonces, si invertir en I+D no es garantía de éxito, ¿por qué invertir en I+D? La respuesta es muy sencilla: porque lo hacen todas las empresas. Es una competición como una maratón en donde si la haces andando, el vecino/a tal vez la haga corriendo y llegue antes a la meta. Tan simple como este símil.

LA SITUACIÓN EN ESPAÑA

Nuestro País se queda bastante atrás en esa maratón. Cierto que tenemos buenos maratonianos/as, como Martín Fiz y Abel Antón. O, mejor dicho, Iberdrola y Telefónica pero las cifras a nivel macro son escandalosamente pobres.

Este gráfico muestra no solamente el comportamiento errático de las inversiones en Investigación y Desarrollo en España sino, además, el enorme diferencial con la media de la UE.

Además, por países, estamos por detrás de Hungría, Portugal, República Checa o Eslovenia, que se dice pronto.

En cifras, la cosa parece estar todavía más clara:

Fijaos bien en la tabla. El parque empresarial de todas esas economías dispararon sus gastos en I+D en plena crisis a excepción de cuatro: Luxemburgo, Portugal, Rumanía y… España. Mas Finlandia, por su enorme exposición al fenómeno Nokia. Pero, por regla general, la receta que aplicaron las economías para salir de la crisis fue cuidar el que sus empresas fueran competitivas y a las cifras me remito.

Si analizamos el tema por regiones, vemos que existen desequilibrios importantes entre los cuatro tigres: País Vasco, Navarra, Madrid y Cataluña; superando todas ellas el 1,5 % de inversiones en I+D sobre su PIB. Pero el diferencial con la quinta y sexta, Andalucía y Comunidad Valenciana, es enorme. Y si bajamos más todavía, las inversiones de Castilla la Mancha etc en I+D son testimoniales.

Por tanto, y a la luz de estas reflexiones basadas en datos reales, nuestra economía tiene que dar un giro importante en dos direcciones:

  • Por un lado, el sector público tiene que crear el clima adecuado para que las empresas inviertan, y mucho, en I+D, especialmente eliminando peajes fiscales que cercenan la cuenta de resultados.
  • Por otro lado, la mentalidad empresarial ha de cambiar hacia un modelo más “largo-placista”. Algo así como el famoso refrán “hambre de hoy, pan de mañana”. La presión, en muchas ocasiones, de sus Consejos de Administración que, a su vez, están presionados por las Juntas de Accionistas, llevan a las empresas a repartir más dividendos de los que sería aconsejable, limitando la capacidad de usar esos excedentes netos en sembrar el futuro de la empresa.

Raúl Linuesa Montero

Licenciado en Economía, Universidad de València.

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