¿Podemos representar sentimientos y emociones de manera personalizada y única a través del Socarrat?

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Te invito a leer esta historia de alguien que vivó esta terrible enfermedad, COVID19, y en la que estamos todos involucrados:

VALENCIA, 9 de mayo 2020, “estoy en el hospital ya que en la mañana me vi unas manchas debajo del pecho y me asusté. Le mandé las fotos a una amiga enfermera y me dijo que me fuera al hospital a toda prisa. Estando en el hospital me pasaron a una sala donde atendían a los posibles casos de COVID.

A la enfermera que me atendía en el hospital (Silvia) le pedí que por favor si podía salir y contactar a mi esposo para que me entregara mi bolso. No sé si es casualidad, pero mi sorpresa fue que la enfermera (Silvia) cuando regresó estaba súper contenta porque resultó ser que mi marido es el tutor de su hija.

Así que para mí Silvia es un ángel, porque las casualidades pocas existen y ésta comenzaría desde este instante, sin yo saberlo, a ser muy importante.

Me llevaron a una sala, esperando los resultados de todos los exámenes efectuados, me informan que tenía una neumonía bilateral muy importante. Me dijeron que no tenía buena pinta. En ese instante se me vino el mundo encima; sufrí de ansiedad, lloré, y por el otro lado Silvia nunca me dejó sola, siempre estuvo acompañándome.

Al final de todo, después de hacerme las pruebas de COVID, resultó ser que era positivo, entonces me vine abajo, me llevaron a una sala de aislamiento total. Silvia, siendo enfermera de urgencias, me acompañó en todo momento en mi paso en las cinco horas de atención. Fueron horas eternas, de nervios, de amor, dedicación, de ansiedad, y siempre con Silvia a mi lado acompañándome y apoyándome. También las enfermeras de la planta.

Me subieron al 3er piso del Hospital, y me encontré en el salón de los infectados. Me quedé allí. Al día siguiente me siguieron atendiendo, haciéndome exámenes, rayos X y test, siempre aislada para evitar los contagios.

Hasta que todo se normalizó, pasaron las horas, y comencé a pensar en el futuro, en mi familia, en el pasado, en lo que he vivido, en lo que he dejado de hacer, en todo y en muchísimas cosas. Estaba totalmente aislada.

Tanto el personal de limpieza como los auxiliares de enfermería, como las enfermeras; todos demostraron ser personas con mucha humanidad.

Pensando que yo le debía la vida a todos ellos y ellas, me dediqué a preguntarles sus nombres y apellidos, cada vez que alguna o alguno de ellos se acercaba, y los apuntaba. Me llevaban revistas, se quedaban acompañándome, me entretenían, me animaban, mucha solidaridad por parte de todo el personal sanitario.

Cuando me dieron de alta, el 14 de mayo, yo ya tenía unas cartas hechas y personalizadas para entregárselas a cada uno de ellos, allí les expresé mi agradecimiento y mi reconocimiento de sus labores y atenciones que me demostraron a cada momento.

SALIENDO DEL HOSPITAL

Cuando salí el 14 de mayo del hospital me sentía extraña: mal, bien, renacida, angustiada, feliz, triste, alegre, algo extraño. Una mezcla de sentimientos encontrados.

Al llegar a casa recibo la llamada de una de las personas con más vocación, con más humanidad y cariño un señor médico. Desde que salí del hospital me llamaba una a dos veces por semana para saber cómo estaba. Una persona que transmite paz y humanidad, con vocación; él es mi médico de cabecera de más de 25 años. Por ello, el regalo del Socarrat,”

Estos cuadros representan valores como: la conexión con la humanidad, la vocación, la cercanía, la compasión, el amor,  humanidad, la solidaridad  por parte de amistades y vecinos, además de la entrega de médicos y enfermeras en el trato que ha recibido en todo el proceso, las acciones de manera voluntaria por parte del personal de otras plantas del hospital.

“El Regalo Perfecto del Siglo XXI … nacido en el Siglo. XII”

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