Arte Erótico; el reflejo de un lenguaje corporal sexual, representado a través del Socarrat

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Los antiguos secretos del sexo Renacentista Siglo. XVI

Antes que nada, iniciamos este post definiendo Arte Erótico como término aplicado al arte de contenido sexual y muy especialmente al arte que celebra la sexualidad humana.

Se deriva de eros, la palabra griega para el amor físico por otra persona. La imaginación del  arte erótico puede ser tanto de sexualidad explícita como implícita, siendo muy comunes en muchas culturas debido a los códigos de conducta como a la mojigatería y la censura.

En general, se suele nombrar como Arte Erótico aquel que provoca un placer que involucra al cuerpo. Sin embargo, preferimos referirnos aquí al erotismo en un sentido más amplio según el cual el arte siempre es erótico. Frente a una obra de arte que emociona y conmueve profundamente, uno siente algo parecido al deseo físico: deseamos poseer de algún modo ese cuadro, la música, la obra de arte.

Los MODI  y los sonetos lujuriosos

Cuando hablamos de un libro clásico que recoge posiciones sexuales, pensamos rápidamente en el Kamasutra. Sin embargo, pasamos por alto que en la tradición europea más clásica ya existió un libro que recopilaba 16 distintas posiciones sexuales en la Italia Renacentista del Siglo XVI.

Los Modi (las maneras) también conocido como Los dieciséis placeres,  es un famoso libro erótico  de la época Renacentista Italiana, que contiene grabados de escenas explícitas de parejas en posiciones sexuales. Son dieciséis dibujos que representan varias posturas amorosas que Giulio Romano hizo en Roma hacia 1524, para Federico II Gonzaga para el nuevo Palacio del Té, residencia veraniega de los Duques en Mantua, por lo que tan solo sus invitados verían las pinturas. Era habitual en la época que los señores y príncipes encargasen obras que, aunque de carácter aparentemente mitológico, tuviesen una intencionalidad erótica. Gran parte del arte europeo renacentista apela al deseo de la mirada masculina.

Giulio Romano (Roma 1499-Mantua 1546) fue un pintor, arquitecto y decorador Italiano del Siglo. XVI, cuyas innovaciones en relación al clasicismo del alto Renacimiento ayudaron a definir el estilo Manierismo.

Inmediatamente, en 1524, fueron estampados por el publicista Pietro Aretino quien escribió unos sonetos lujuriosos, erótico-burlescos, para acompañar las imágenes, Y al buril, por Marcantonio Raimondi, que por cierto; este volumen ha vuelto a la actualidad gracias a la exposición sobre la obra de Raimondi que aloja el Museo de Manchester. Nada ha sobrevivido, ya que la publicación suscitó una reacción papal que terminó en el encarcelamiento del grabador y en la destrucción de la edición.

Otro reflejo de la destruida serie de Raimondi lo constituyen los dibujos hechos por el artista y conde de Waldeck,  Jean Frédéric Maximilien de Waldeck, a mediados del siglo XIX, quien parece que pudo trabajar con un álbum de la serie existente para ese momento, en un convento Mexicano. Aunque exageró el aspecto neoclásico del decorado, todo indica que hizo una copia fiel a las posturas corporales de los Modi originales

¿Por qué es tan importante ‘I Modi’ en la historia del arte occidental?

Aquí hay un sinfín de características identificadas por aquellos que, como los autores de un estudio realizado en el ”Journal of History of Sexuality”,  se han introducido en su misterio: el gran tamaño de algunos miembros viriles masculinos (que se diferencian de la representación clásica, donde eran mucho más pequeños); la representación explícita de la vulva femenina (como se puede comprobar en el grabado de la Venus Genetrix); o la representación de sátiros femeninos.

Pero vamos a los que interesa o, al menos, lo que le interesaba a Federico II de Gonzaga cuando encargó esta obra para los murales de su hogar: las posiciones sexuales que aparecen representadas en estos cuadros se parecen sospechosamente a muchas de las que conocemos hoy en día, solo que con otros nombres. Es el caso de la conocida como “Julia la con un atleta” y que representa lo que hoy conoceríamos como “vaquera invertida” en la que la mujer se siente encima del pene del hombre y lo cabalga.

La mirada masculina es satisfecha de manera evidente, en el que el hombre se sitúa de espaldas al observador mientas que la mujer muestra su gesto de satisfacción. Como hemos dicho, también hay personajes “reales” en las figuras representadas, como si se tratase de una especie de ‘fan fiction’ erótica de los grandes personajes de la historia, como Antonio y Cleopatra.

Estas imágenes nos ayudan a entender a la perfección la diferencia entre el desnudo y lo pornográfico. Como recuerda Chesney, hay una voluntad clara de excitar al espectador en ellas, al contrario de lo que ocurre con otras obras de la época.

Es una manera de expresar la identidad sexual de la época, la diversidad de posibilidades que tiene la figura humana para expresarse durante el acto sexual, y en definitiva, el rico lenguaje del cuerpo en acción. Un estilo expresado a través del sexo.

Reflejo de un lenguaje corporal a través de cuerpos voluminosos, un cuerpo musculoso, varonil y el de ella; voluptuoso, femenino. Dos géneros para expresar un lenguaje y actitud sexual pervertida, generadores del placer.

Se debe entender el porno en el Arte como un género en que la mujer es imprescindible; en que su razón de ser y la piedra angular se sitúa en la mujer.

La dimensión en que la pornografía ofrece a la mujer, no es la de un sexo vulnerable ni débil; es la de una hembra, la del placer por el  placer, el desear, atraer, seducir;  la que genera las sensaciones.

Quizás nos sirva para apreciar que, las expresiones de la sexualidad no cambian fundamentalmente con el tiempo o la sociedad.

“El Regalo Perfecto del Siglo. XXI … nacido en el Siglo. XII”

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